martes, 20 de diciembre de 2016

Wien, du Stadt meiner Träume (Viena, ciudad de mis sueños)

Se han cumplido estos días (21 de noviembre) los cien años del fallecimiento de Francisco José I de Austria-Hungría. El emperador más fotogénico, interpretado por Karlheinz Böhm, el hijo del director de orquesta Karl Böhm, en la serie de edulcoradas películas protagonzadas por Romy Schneider, que forman parte del imaginario de esa Viena ideal. Se puede decir que con la muerte del emperador, se acababa para siempre una época histórica, la de la Vieja Viena, que los vieneses aún se resisten a dar por muerta. 
Francisco José I de Austria-Hungría
El final de la Primera Guerra Mundial dibujó un nuevo mapa europeo, Austria se quedaba reducida a las zonas de habla alemana. La crisis económica y existencial se instaló en la antigua capital del imperio. Unos miraron hacia delante, no en vano la Viena de 1900 había sido la cuna de todas las vanguardias artísticas. Otros, como Joseph Roth, nunca superaron el fin del imperio y reflejaron magníficamente esta época en sus libros.

La nueva Austria, que ya no era un Imperio, sino una República, acabó su crisis económica y social dejándose anexionar por la Alemania nazi. El resultado fue otra Guerra Mundial, la Segunda, que dejó bastante maltrecha a la capital austriaca, y al resto del país, que quedó dividido en cuatro zonas de ocupación. En 1955 recuperó Austria su total soberanía y comenzó la Segunda República. Ese mismo año reabrió sus puertas uno de los símbolos de Viena, destruído en la Segunda Guerra Mundial. La antigua Ópera Imperial de Viena reabría sus puertas como Ópera del Estado de Viena. La situación política, social y económica se había estabilizado.

Viena se convirtió en uno de los destinos turísticos más importantes de Europa, además de ser una de las mecas de la música, especialmente por sus dos instituciones más internacionales, la Ópera del Estado de Viena, la gran Haus am Ring, y la Orquesta Filarmónica de Viena que tiene su sede a pocos minutos de la ópera, en el gran edificio de la Musikverein.

Edificio de la Musikverein

Y, de paso, ya que tienen los turistas asegurados, los vieneses parece que quieren inventar una Viena que ya no existe, tan falsa como las películas de Romy Schneider. Conciertos para turistas con Strauss y Mozart como protagosnistas que te venden frente a la Ópera o frente a San Esteban vendedores, bastante pesados, vestidos de época y que provienen en su mayoría de la Europa del Este.

Por supuesto, nadie puede irse de Viena si no ha contratado su visita a las Heurigen de Grinzing, las tabernas que ofrecen el vino joven y peleón típico de la región.

Después está el problema de la masificación. Es difícil recordar los cafés vieneses como lugares entrañables, cuando tienes que hacer cola para entrar en ellos y pasar media hora esperando hasta que el camarero te atienda. También hay que decir que el tiempo de espera se reduce significativamente, en algunos cafés, que no voy a nombrar, si el turista no habla alemán y tiene rasgos orientales.


Turistas haciendo cola para entrar en el Café Central



Está claro que Viena tiene otros muchísimos atractivos, importantes museos, música de gran nivel con cualquiera de las cuatro orquestas y los tres teatros de ópera de la ciudad. Música de cámara en varias salas e iglesias y también algún buen club de jazz.

Puedes cambiar Grinzing por Heiligenstadt y seguir los pasos de Beethoven y seguirás tomando el vino igual de malo que en Grinzing, en los lugares dónde lo bebió el gran Ludwig hace dos siglos. Es importante aclarar que Austria produce excelentes vinos, pero no son los que encuentras en las Heurigen.

Heurigen en Heiligenstadt en una de las viviendas en las que residió Beethoven
en la época de la composición de la
Sinfonía Pastoral


Mozart, Mahler, Bruckner, Schubert, Brahms, Richard Strauss, Schönberg, Johann Strauss, Lehár vivieron, alguno inclusó nació, largo tiempo en Viena, es estimulante seguir sus pasos, sobre todo de los compositores más modernos de los que se conservan más lugares y mejor documentados.

 
Fachada de la Piaristenkirche (Maria Treu) en Josefstadt.
En el órgano de esta iglesia se examinó Anton Bruckner
para obtener el cargo de Profesor de la Universidad de
Viena. Una placa recuerda en el exterior la frase del
presidente del tribunal al acabar el examen:
Él hubiera tenido que examinarnos a nosotros.




La vanguardia de 1900 ha dejado sus muestras en el edificio de la Secession y en las obras de Klimt o Schiele. Pasear por el Ring y ver los edificios funcionales de Otto Wagner es otro gran atractivo. Y todo ello compatible con los grandes edificios clásicos, el Hofburg, San Esteban, San Carlos, el Belvedere o Schönbrunn.

Sin embargo, el turista que visita Viena, influido por la propaganda turística vienesa, prefiere hacer cola en el Hotel Sacher para esperar una mesa y comerse la famosa tarta de chocolate que puedes tomar en cualquier otro sitio, ahorrándote la espera en la calle.

Cómo en este blog hablamos de música, vamos a comentar algo sobre las canciones vienesas, pero no las auténticas, que son las que se cantaban en las tabernas acompañadas por la guitarra y que son parte del folkore auténtico. No, no son esas las canciones que se han hecho famosas. Las canciones célebres son las compuestas por compositores de opereta y que quieren reflejar esa Viena ideal, que hace años que es historia, si es que existió realmente alguna vez. Y de esas canciones, he elegido dos, que resumen casi todos los topicazos de la ciudad soñada, pero siempre con buena calidad musical.

La primera de las canciones pertenece a la operete Gräfin Mariza (La condesa Maritza) de Emmerich (Imre) Kálmán (1882-1953), estrenada en el Theater an der Wien en 1924. Kálmán, compositor austrohúngaro, como Lehár, es el último compositor de opereta vienesa de la gran tradición. Robert Stolz, más longevo, se suele considerar el último, pero los años finales de su carrera los dedicó a un repertorio más ligero, por tanto, damos el título a Kálmán que fue fiel a su estilo hasta el final. La canción, aria en realidad, que vamos a escuchar es el Grüss mir mein Wien (Salúdame a Viena), que un melancólico Conde Tassilo canta a la luna para que lleve sus saludos a la capital del imperio.

Parece premonitorio, pero el propio Kálmán debió sentirse así al tener que abandonar Austria en 1938 tras la anexión de la Alemania nazi, por ser judío. Un emigrante más que cantaba a su patria perdida. La canción es realmente hermosa, como toda la opereta de la que se extrae, un título que debería programarse más.

La versión que he escogido se la debemos a dos maestros, el tenor Peter Anders, magnífico en este repertorio y Franz Marszalek dirigiendo a una orquesta (quizá Radio de Colonia) que acerca al sonido de la música popular. No en vano Marszalek fue denominado el Karajan de la opereta.




Wenn es Abend wird, wenn die Sonne sinkt,
wenn der Geige Lied von der Puszta klingt,
sitz ich oft allein hier bei dem Glaserl Wein,
denk, wie schön wär's, bei euch jetzt zu sein.

Wenn der alte Mond dort am Himmel thront,
mild herunter scheint, sag' ich, 'Prost mein Freund',
lieber Mond, unterbrich deinen Lauf,
hör' mir zu, denn ich trag' dir was auf:

Grüss mir die süssen, die reizenden Frauen
im schönen Wien.
Grüss mir die Augen, die lachenden blauen
im schönen Wien.
Grüss mir die Donau und grüss mir den Walzer
im schönen Wien.
Grüss mir die heimlichen Gässchen, wo Pärchen des Abends heimwärts zieh'n.
Grüss mir mein singendes, klingendes
Märchen,
mein Wien, mein Wien, mein Wien.

Wenn der Abendwind in den Bäumen singt
von der schönen Zeit der Vergangenheit,
wenn im Geist vor mir ich die Heimat seh',
wird ums Herz mir so wohl und so weh.
Wenn du wiederkehrst, wenn du heimwärts fährst
in das liebe Land dort am Donaustrand,
wo ein Kranz grüner Berge dir winkt,
wo die lieblichsten Lieder man singt:

Grüss mir die süssen, die reizenden Frauen
im schönen Wien.
Grüss mir die Augen, die lachenden blauen
im schönen Wien.
Grüss mir die Donau und grüss mir den Walzer
im schönen Wien.
Grüss mir die heimlichen Gässchen, wo Pärchen des Abends heimwärts zieh'n.
Grüss mir mein singendes, klingendes
Märchen,
mein Wien, mein Wien, mein Wien.
Cuando anochece, cuando cae el sol,
cuando el violín canta aires de la Puszta*,
me siento solo a menudo con un vaso de vino,
y pienso, que bello sería estar ahora con vosotros.
Cuando la vieja luna reina en el cielo,
bella brillando aqui abajo, digo, 'Salud,
amiga mía'
Querida luna, interrumpe tu curso,
escúchame, pues te tengo que pedir algo:

Salúdame a las dulces, encantadoras mujeres
de la bella Viena.
Salúdame a los ojos, los sonrientes ojos azules
en la bella Viena.
Salúdame al Danubio y salúdame al vals
en la bella Viena.
Salúdame a las secretas callejas, que llevan
hacia casa a las parejitas.
Salúdame mi cantado cuento de hadas,

mi Viena, mi Viena, mi Viena.


Cuando el viento nocturno canta en los árboles
del bello tiempo pasado,
cuando veo ante mi la patria en espíritu
siento alegría y pena en el corazón.
Cuando vuelves, cuando viajas a casa
 en la querida tierra bañada por el Danubio,
donde te saluda una corona de verdes montañas
donde se cantan las más queridas canciones:

Salúdame a las dulces, encantadoras mujeres
de la bella Viena.
Salúdame a los ojos, los sonrientes ojos azules
en la bella Viena.
Salúdame al Danubio y salúdame al vals
en la bella Viena.
Salúdame a las secretas callejas, que llevan
hacia casa a las parejitas.
Salúdame mi cantado cuento de hadas,

mi Viena, mi Viena, mi Viena.

* Estepa húngara





 









La otra canción es de un compositor de una sola obra, Rudolf Sieczynski (1879 - 1952), compositor vienés de ascendencia polaca que fue Presidente de la Asociación Austriaca de Compositores y compuso numerosas canciones. Sin embargo, su opus 1 una canción de 1912 es lo único de él que se recuerda, eso si, ha servido para que su nombre siempre sea recordado, junto al de la ciudad de Viena.

La obra es la que da título a la entrada Wien, du Stadt meiner Träume (Viena, ciudad de mis sueños), que con un texto del propio Sieczysnki es un hermoso himno a la Capital del Danubio que no faltará en ningún concierto de música vienesa al que asistáis.

Hermann Prey y la Philharmonia Schrammeln dirigida por Helmut Froschauer nos entregan una versión ideal, en la que Prey canta la segunda estrofa, generalmente omitida por todos los cantantes desde Tauber a Kaufmann.




Mein Herz und mein Sinn
Schwärmt stets nur für Wien,
Für Wien, wie es weint, wie es lacht!
Da kenn ich mich aus,
Da bin i halt z'Haus,
Bei Tag und noch mehr bei der Nacht.
Und keiner bleibt kalt
Ob jung oder alt,
Der Wien, wie es wirklich ist, kennt
Müßt' ich einmal fort
Von dem schönen Ort,
Da nähm' meine Sehnsucht kein End.
Dann hört' ich aus weiter Ferne ein Lied,
Das klingt und singt, das lockt und zieht:


Wien, Wien, nur du allein
Sollst stets die Stadt meiner Träume sein!
Dort, wo die alten Häuser stehn,
Dort, wo die lieblichen Mädchen gehn!
Wien, Wien, nur du allein
Sollst stets die Stadt meiner Träume sein!
Dort, wo ich glücklich und selig bin,
Ist Wien, ist Wien, mein Wien!



Ob ich will oder net
Nur hoff' ich recht spät
Muß ich einmal fort von der Welt.
Geschieden muß sein
Von Liebe und Wein,
Weil alles, wie's kommt auch vergeht.
Ah, das wird ganz schön
Ich brauch' ja nicht z'gehn,
Ich flieg' doch in' Himmel hinauf,
Dort setz' ich mich hin
Schau runter auf Wien,
Der Steffel*, der grüßt ja herauf.
Dann hört' ich aus weiter Ferne ein Lied,
Das klingt und singt, das lockt und zieht:



Wien, Wien, nur du allein
Sollst stets die Stadt meiner Träume sein!
Dort, wo die alten Häuser stehn,
Dort, wo die lieblichen Mädchen gehn!
Wien, Wien, nur du allein
Sollst stets die Stadt meiner Träume sein!
Dort, wo ich glücklich und selig bin,
Ist Wien, ist Wien, mein Wien!



Mi corazón y mis sentidos
Se pierden siempre por Viena,
por Viena, cuando llora y cuando ríe!
De esto entiendo algo,
allí estoy en casa,
de día y aún más por la noche.
Y nadie se queda frío
Sea joven o viejo,
Si conoce Viena de verdad.
Si tuviera que irme alguna vez
De ese hermoso lugar,
mi morriña no tendría fin.
Entonces oígo a lo lejos una canción,
que suena y canta, te atrae hacia si:

¡Viena, Viena, tú solamente
Siempre serás la la ciudad de mis sueños!
Allí, donde están las viejas casonas,
allí, donde pasean las bellas muchachas!
¡Viena, Viena, tú solamente
Siempre serás la ciudad de mis sueños!
Allí, donde estuve contento y feliz,
es Viena, es Viena, ¡mi Viena!


Lo quiera o no
Aunque espero que sea tarde
Tendré que marcharme del mundo.
Me tendré que despedir
Del amor y del vino,
porque todo, como viene se va.
Ah! Será hermoso,
no tendré que acercarme,
volaré hacia el cielo,
y desde allí sentado
miraré a Viena
y el Steffel* me saludará
Entonces oígo a lo lejos una canción,
que suena y canta, te atrae hacia si:


¡Viena, Viena, tú solamente
Siempre serás la la ciudad de mis sueños!
¡Allí, donde están las viejas casonas,
allí, donde pasean las bellas muchachas!
¡Viena, Viena, tú solamente
Siempre serás la ciudad de mis sueños!
Allí, donde estuve contento y feliz,
es Viena, es Viena, ¡mi Viena!

*Torre de la Catedral de San Esteban







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