lunes, 22 de septiembre de 2014

25 años de las "Manifestaciones de los lunes"

No, nos os habéis equivocado de blog. No es este un blog de historia, aunque la historia siempre se cuela en las entradas sobre música. Esta vez va a ser un poco al revés, porque es la música la que se va a colar dentro de la historia y con un papel muy importante. Aclarado este punto, nos vamos a los últimos meses de República Democrática Alemana.

La República Democrática Alemana fundada después de la Segunda Guerra Mundial en el sector bajo control soviético, uno de los cuatro en que quedó dividida Alemania tras la guerra. Los otros tres, norteamericano, británico y francés formarían la República Federal Alemana. De los países del bloque soviético, ninguno aplicó a rajatabla de forma tan metódica el control de su población como lo hizo la Alemania Oriental con su policía política, la temible Stasi y su red de informadores que estaba constituida por ciudadanos de toda condición. Prácticamente en cada bloque de edificios había un informador de la Stasi. Desde 1971 el hombre más poderoso del régimen, el Secretario General del Comité Central del Partido Socialista Unificado, era Erich Honecker. En su hoja de servicios estaba la construcción del Muro de Berlin (1961).

Leipzig, lunes 4 de septiembre de 1989. Alrededores de la Nikolaikirche (Iglesia de San Nicolás). Sobre las cinco de la tarde unos 1.200 ciudadanos de Leipzig se reúnen bajo el lema "Für ein offenes Land mit freien Menschen (Por un país abierto con hombres libres)" que se despliega en varias pancartas. Varios periodistas de la República Federal de Alemania que se encontraban en la Feria de Muestras acudieron a la Nikolaikirche y pudieron ver a la policía secreta de la DDR romper las pancartas y disolver pacificamente la manifestación. Los manifestantes se limitaron a gritar "Stasi raus! (¡Fuera la Stasi!)". Habían nacido las Montagsdemonstrationen (Manifestaciones de los lunes) en la República Democrática Alemana.

Leipzig, Nikolaikirche

Las manifestaciones se repitieron cada lunes en la ciudad de Leipzig durante el mes de septiembre. Cada lunes más manifestantes, cada lunes más detenidos por las fuerzas de seguridad.

Comenzó el mes de octubre y se acercaba una fecha muy señalada para el régimen comunista, el 7 de octubre. Ese día era el Día de la República, la festividad nacional de la República Democrática Alemana, se conmemoraba la fundación de este estado el 7 de octubre de 1949.

La manifestación del 2 de octubre en Leipzig reunió a más de 10.000 personas. Dos días más tarde se produjeron disturbios en la estación de Dresde entre la policía y los refugiados que abandonaban el país hacía la Embajada de Alemania en Praga . La policía utilizó gases lacrimógenos y los refugiados rompieron parte del muro de la estación para lanzar piedras a la policía. La revuelta se saldó con 1.800 detenidos desde el 4 al 8 de octubre.

El 7 de octubre, 40º aniversario de la creación de la República Democrática Alemana, fue la ciudad de Plauen, cercana a la frontera con Checoslovaquia, la que protagonizó las manifestaciones. Unas 20.000 personas, muchas llegadas en trenes que viajaban llenos de refugiados hacia Praga, se manifestaron frente al teatro. La policía disolvió con dureza la manifestación. A partir de entonces todos los sábados hubo manifestaciones en Plauen hasta que se celebraron las primeras elecciones libres.

Las reformas de Mikhail Gorbachov en la Unión Soviética habían permitido que Hungría o Checoslovaquia comenzasen las reformas hacía una transición democrática. La misma Unión Soviética estaba a punto de desmembrarse. Pero en la República Democrática Alemana la escalada de violencia empezaba a ser preocupante. La situación era diferente a la de la Primavera de Praga de 1968, pero estaba en el recuerdo de todos. Cualquier paso en falso por parte de manifestantes o policía podía acabar en un baño de sangre. 

Hagamos una primera pausa musical en esta historia y recordemos lo ocurrido en Praga en 1968. En enero de 1968 el gobierno checo de Alexander Dubček adoptó una serie de reformas de tipo democrático que querían modificar aspectos totalitarios del régimen comunista, pero sin romper definitivamente con su modelo. Esta breve ilusión de libertad duró hasta el 21 de agosto de 1968 cuando las fuerzas del Pacto de Varsovia lideradas por la Unión Soviética invadieron Checoslovaquia acabando con el gobierno de Dubček. El balance 72 checos y eslovacos murieron en la invasión, más de 700 resultaron heridos.

El 22 de agosto de 1968, no demasiado lejos de la frontera checa se estaba celebrando el Festival de Bayreuth. En cartel Los maestros cantores de Núremberg de Richard Wagner, en la nueva producción de Wolfgang Wagner. El estreno lo había dirigido Karl Böhm, de las últimas funciones se iba a encargar Berislav Klobučar, maestro croata que ha fallecido recientemente, el 13 de junio de 2014. El papel de Hans Sachs lo interpretaba Theo Adam, en el cenit de su carrera. Theo Adam había nacido en Dresde y residía en Dresde, República Democrática Alemana. Como contó Ángel-Fernando Mayo, que presenció esta representación, a la largo de la tarde se conoció la noticia, la República Democrática Alemana había participado en la invasión de Checoslovaquia junto a otras fuerzas del Pacto de Varsovia. Las fronteras quedaban cerradas. Theo Adam se enteró antes de cantar el tercer acto. Sabía que no podía volver a casa con su familia. Tampoco sabía que repercusiones políticas podía tener la invasión. Cantó el tercer acto, pero al llegar a la arenga final, cuando tuvo que cantar:

"Habt Acht!
Uns dräuen üble Streich':
zerfällt erst deutsches Volk und Reich,
in falscher wälscher Majestät
kein Fürst bald mehr sein Volk versteht."
“¡Cuidado!
Duros golpes nos amenazan:
Si el pueblo y el reino alemán
cayeran bajo una falsa majestad extranjera
ningún príncipe entendería a su pueblo”

La voz de Theo Adam casi se quebró y acabó cantando casi en un sollozo. La sala le dedicó una grandísima ovación. Por desgracia, no existe grabación de este histórico momento.

Escuchemos la Procesión de los maestros, seguida del coro Despertad y la arenga final de Los maestros cantores de Nuremberg de Richard Wagner, con Theo Adam, el Coro de la Radio de Leipzig y la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig bajo la dirección de Kurt Masur, en una grabación de 1988. Recordemos el nombre del maestro Masur, pues pronto va a tomar un inesperado protagonismo.



Volvemos a Leipzig, al otoño de 1989. El siguiente lunes, 9 de octubre, fueron 70.000 los manifestantes en Leipzig. La situación se estaba complicando cada vez más. Mientras se preparaba la manifestación, el director de orquesta Kurt Masur, muy preocupado por las consecuencias que pudiera tener la escalada de violencia, se reunió en su casa con en Teólogo Dr. Peter Zimmermann, el Cabaretista Bernd-Lutz Lange, el Secretario del Partido Socialista del distrito de Leipzig Dr. Kurt Meyer, Jochen Pommert y el Dr. Roland Wötze. Eran seis de los más destacadas personalidades de la ciudad de Leipzig. Juntos llegaron a un acuerdo, seguir negociando sin violencia. Plasmaron sus intenciones en un breve escrito, el conocido como Llamamiento de los seis. Este llamamiento fue leído por Kurt Masur y retransmitido durante la manifestación por las emisoras de radio:

"Nuestra preocupación y la responsabilidad común nos han reunido hoy. Nos vemos afectados por el desarrollo en nuestra ciudad y buscamos una solución. Todos necesitamos el libre intercambio de puntos de vista sobre la continuación del socialismo en nuestro país. Por lo tanto, los nombrados hoy prometen todos los ciudadanos a utilizar todo su poder y autoridad para asegurar que este diálogo se lleva a cabo no sólo en el distrito de Leipzig, sino también con nuestro gobierno. Instamos a la sensatez, porque el diálogo pacífico es posible ".

La manifestación con los lemas "Wir sind das Volk (Somos el pueblo)" y "Keine Gewalt! (¡Sin violencia!)" transcurrió por cauces pacíficos. La policía no intervino. A partir de ese día se conoció el moviemiento de Leipzig como la Friedliche Revolution (Revolución pacífica).


Kurt Masur en 2012 foto de Martin Morgenstern

Esa misma noche se unió Berlin las protestas con una multitudinaria manifestación. La presión del pueblo empezó a dar sus frutos, Erich Honecker dimitió el 18 de octubre, juntó a él se marchó todo el politburó. El fin de la República Democrática Alemana estaba ya muy cerca. El 9 de noviembre se abrieron las fronteras, caía por fin el Muro de Berlin. Se sucedieron varios gobiernos socialistas hasta las primeras elecciones libres.

El 18 de marzo de 1990 los democristianos consiguieron llegar al gobierno el la República Democrática Alemana. Su misión, preparar la reunificación. El 3 de octubre de 1990 Alemania volvía a ser un solo país, bajo el nombre de República Federal de Alemania y Berlin volvía a ser la capital.

Para despedir este relato de historia y música escuchemos a Kurt Masur dirigiendo a su Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig e interpretando la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven.




lunes, 15 de septiembre de 2014

Goethe y la música (VIII): "Mar en calma y viaje feliz"


Escritos en 1795 y publicados en 1796 en el Almanaque de las Musas, revista literaria editada por Schiller, los poemas Meeresstille (Mar en calma) y Glückliche Fahrt (Viaje feliz) siempre han aparecido juntos en todas las ediciones de las obras de Goethe. Esto ha marcado su destino musical, pues las dos obras compuestas sobre ellos, los han tratado como si fuera un solo poema.

El tema usado por Goethe es el mar, nuevamente la naturaleza es la protagonista. Aquí el mar aparece en dos situaciones diferentes que generan diferentes emociones en el hombre. El primero Mar en calma, nos muestra cuán pavoroso puede llegar a ser un mar tranquilo, desde el punto de vista de un navegante. La calma absoluta es casi peor que una tormenta, el barco no se mueve, pasan los días, las provisiones son limitadas. Goethe lo describe Todestille fürchterlich! (Calma mortal ¡aterradora!). Los marineros miran con angustia las aguas, esperando que Eolo mande vientos propicios.



Meeresstille

Tiefe Stille herrscht im Wasser,
ohne Regung ruht das Meer,
und bekümmert sieht der Schiffer
glatte Fläche rings umher.

Keine Luft von keiner Seite!
Todesstille fürchterlich!
In der ungeheuern Weite
reget keine Welle sich.

Goethe, 1795


Mar en Calma

Profunda calma reina en las aguas,
Sosegado, sin movimiento está mar,
y angustiado mira el navegante
la lisa llanura que los rodea.

¡Sin brisa por ningún lado!
Calma mortal ¡aterradora!
En la monstruosa extensión
ninguna ola se agita.


Si disipa la niebla y empieza a soplar el viento. Esto que en el mar inquieta a los pasajeros, alegra a los navegantes. El viento hincha las velas y la proa del barco parte las olas, a lo lejos se divisa ya la tierra, según nos cuenta Goethe en este Viaje feliz.




Glückliche Fahrt

Die Nebel zerreißen,
der Himmel ist helle
und Aeolus löset
das ängstliche Band.

Es säuseln die Winde, 
es rührt sich der Schiffer.
Geschwinde! Geschwinde!
Es teilt sich die Welle, 
es naht sich die Ferne;
Schon seh' ich das Land!

Goethe, 1795

Viaje feliz

La niebla se disipa,
el cielo está claro,
y Eolo desata
su medrosa atadura.

El viento susurra,
Se mueve el navegante.
"¡Deprisa! ¡Deprisa!
Las olas se parten,
Se acerca la lejanía;
¡Ya veo la tierra!"


Como he comentado, dos son las obras musicales que se basan en estos dos cortos poemas de Goethe, bueno, realmente dos y media, porque un compositor sólo se interesó por el primer poema.

Ludwig van Beethoven fue el primero en interesarse en estos dos poemas. Sobre ellos compuso una cantata, Meeresstille und Glückliche Fahrt (Mar en calma y viaje feliz), op. 112, compuesta en 1815. La obra fue estrenada en un concierto benéfico el día de Navidad de 1815.

La obra no es de lo mejor de la producción del compositor de Bonn, tampoco es una obra especialmente conocida. Las dos partes se diferencian con un tempo lento para el mar en calma y vivo para el viaje feliz una vez comienza a soplar el viento, estructura totalmente lógica por la naturaleza de los dos poemas.

La obra comienza con un misterioso acompañamiento de las cuerdas sobre el que comienza a cantar el coro. Bella primera estrofa que nos describe adecuadamente la quietud de las aguas. Unos pizzicatos de las cuerdas introducen la segunda estrofa que no queda tan redonda, ya no es descriptiva como la primera, nos tenemos que apoyar en el texto. Beethoven destaca la palabra fürchterlich (aterrador), pero el efecto es poco convincente. Vuelve a repetir la primera estrofa, para que la quietud que expresa contraste mejor con el allegro con el que comenza el segundo poema y que nos acerca al mundo de la Fantasía coral op. 80.

Beethoven escribió a Goethe sobre la composición de la cantata sobre sus dos poemas, pero quedó sin respuesta, cosa habitual en Goethe. Este descortés tratamiento también lo sufrieron Schubert o Berlioz.

Los dos genios se habían conocido en Teplice en 1812. Goethe no apreciaba especialmente la música de Beethoven. Demasiado vehemente y grandiosa para unos oídos que habían vivido siempre en la época de Haydn y Mozart. Sin embargo, Beethoven estaba haciendo con la música lo mismo que Goethe había hecho con la literatura, hacer la difícil transición de la Ilustración al Romanticismo.

Por su parte Beethoven admiraba al poeta, pero desconfiaba del hombre. Para él Goethe estaba demasiado apegado a la aristrocracia. El famoso Incidente de Teplice, que no sabemos realmente si ocurrió así, aunque tiene una base real; muestra las diferencias de carácter entre los dos hombres. Paseando por el balneario Beethoven y Goethe se encontraron con la Emperatriz de Austria y su corte, Goethe se hizo a un lado y saludó cortesmente quitándose el sombrero, Beethoven pasó de largo. Cuando Goethe alcanzó al compositor Beethoven le espetó: ¡Lacayo! 

Lo cierto es que después del encuentro en Teplice, Beethoven y Goethe no volvieron a encontrarse.

"El incidente de Teplice" de Carl Rohling (1887)



Escuchemos ya Mar en calma y viaje feliz op. 112 de Ludwig van Beethoven con el Coro y Orquesta de la Radio de Berlín (Este), dirigidos por Helmut Koch en una grabación de 1970. 






La otra gran obra basada en los dos poemas de Goethe Mar en calma y Viaje feliz es la obertura de concierto Meerestille und glückliche Fahrt (Mar en calma y viaje feliz) op. 27 de Felix Mendelssohn-Bartholdy del año 1828. 

Un Mendelssohn de diecinueve años fue capaz de dar con la clave, allí donde Beethoven había conseguido sólo una bella obra, la pieza de concierto de Mendelssohn es mucho más convincente. El éxito de la obra del compositor hamburgués fue prescindir del texto y dejar a la orquesta todo el peso de la descripción musical. 


Mendelssohn en 1830 por James Warren Childe 


Mendelssohn comienza de una forma parecida a Beethoven, las cuerdas muestran la calma de las aguas. Sigue un adagio, en el que apenas se atisba la angustia del navegante ante la prolongada calma, pero si se aprecia la inmensidad del mar. Las maderas indican que el viento empieza a soplar, para desembocar en un feliz allegro. De tanto en tanto se oye el ulular del viento entre las velas, de lo contario no habría viaje. La navegación sigue combinando dos temas alegres, hasta que unos golpes de timbal nos van a conducir a la coda. Ya se ve la tierra, se arrían las velas. Los metales describen la mejestuosa entrada de la nave en el puerto.

Mendelssohn estrenó públicamente la obra en la Sing-Akademie de Berlin el 1 de diciembre de 1832. 

Poco después de componer esta obra, Mendelssohn partirá de viaje a tierras escocesas, visitará las Hébridas y la Gruta de Fingal y nos lo contará todo en otra soberbia y mucho más inquietante obertura marina, pero eso es otra historia.

Gabriel Chmura y la Orquesta Sinfónica de Londres nos ofrecen Mar en calma y viaje feliz, op. 27 de Felix Mendelssohn-Bartholdy.





No se acaban con estas dos obras las versiones musicales de Mar en calma y Viaje feliz de Goethe. Hay otras, pero para cerrar esta entrada sólo escuchar la adaptación musical que hizo del primero de los poemas Franz Schubert, el bardo de Goethe, aunque el poeta no hicieera ningún caso al joven compositor vienés.

Escuchamos Meeresstille D. 216 en la increible voz de un Hans Hotter de cuarenta años con el acompañamiento del impagable Gerald Moore.













martes, 2 de septiembre de 2014

Goethe y la música (VII): "El eterno femenino nos atrae hacia las alturas"

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) comenzó a trabajar en su Fausto alrededor de 1770, la primera parte de la obra, se publicó en 1808. En 1832, unos meses más tarde de la muerte de Goethe, se publicó la segunda parte de la obra.

La leyenda de Fausto era conocida en Europa, basada en un personaje real que vivió en Alemania, presumiblemente, entre 1480 y 1541. Ya había sido convertida en obra literaria antes, como en La trágica historia del Doctor Fausto de Christopher Marlowe (1589) y lo sería después como en Doktor Faustus de Thomas Mann (1947), por no hablar de Nikolaus Lenau o Heinrich Heine.

Pese a lo importante de los nombres que han llevado a la literatura las andanzas del alquimista y ocultista alemán, nadie como Goethe llegó al nivel de crear una obra que se sitúa en ese reducido grupo de obras imperecederas, en el que están las grandes tragedias (Hamlet, Macbeth, Rey Lear, Othello y Romeo y Julieta) de Shakespeare, Don Quijote de Cervantes y muy poquito más.

Goethe con 62 anos por Luise Seidler (1811)


No es de estrañar que el impacto que produjo Fausto en el siglo XIX fuera tal que un número incontable de obras artísticas de todos los géneros se inspirasen en su obra maestra. Por no hablar de la influencia del pensamiento de Goethe, una vez salva a Fausto del infierno, ningún pecador va a ser condenado a tan terrible castigo. Recordemos que Mozart y Da Ponte, con el moralismo imperante en el siglo XVIII mandan a Don Giovanni derechito al fuego eterno, pero Zorrilla, salva a Don Juan Tenorio por la mediación de Doña Inés. Asimismo, El holandés errante y Tannhäuser de Wagner ya no pueden ser condenados eternamente, el eterno femenino, les atrae hacia las alturas.

Pero lo nuestro es la música, y a ella vamos. Hay muchas obras compuestas sobre el Fausto de Goethe. De ellas bastantes son obras dramáticas, los Fausto de Gounod y Spohr, que son óperas. La también ópera de Arrigo Boito Mefistofele, que otorga el protagonismo al demonio o las inclasificables La damnation de Faust de Berlioz o las Szenen aus Goethes Faust de Robert Schumann. La realidad es que me gustan todas estas obras, no tanto las de Boito y Spohr, pero tengo que reconocer que en una cosa son todas iguales, transmiten bastante mal la esencia de la obra de Goethe.

"Salvación de Margarita" - Litografía de Wilhelm Hensel (1835)

Es natural, el mismo Fausto de Goethe es una obra inclasificable, casi imposible de representar, porque no es una obra de teatro. Hay largos pasajes, sobre todo en la segunda parte, a los que falta dramatismo, porque no está pensada para los escenarios. Quizá sea por ello, que las obras que más se acercan al ideal, según mi modesta opinión, son aquellas que no son dramáticas y entre ellas destacan dos obras maestras, la Octava sinfonía de Gustav Mahler, llamada, exageradamente, de los mil, por el número de ejecutantes necesarios para ponerla en pie; y la Sinfonía Fausto de Franz Liszt. Hoy voy a hablar de ésta última.

Antes de hablar de la Sinfonía Fausto, aclarar que los Valses Mephisto, hasta cuatro en versión pianística y dos en versión orquestal, se inspiran en el Fausto de Nikolaus Lenau y no en el de Goethe, el primero de ellos es la Tanz in der Dorfschenke (Danza en la posada de la aldea), que junto a Der nächtliche Zug (La procesión nocturna) forman la obra conocida como Dos episodios del Fausto de Lenau.

Escuchamos aquí la Danza en la posada de la aldea o Vals Mephisto n° 1 en versión de la Orquesta Filarmónica de Viena y Franz Welser-Möst.



Franz Liszt comenzó a trabajar en su Sinfonía Fausto en 1840, curiosamente, Richard Wagner que iba a convertirse muchos años más tarde en su yerno, comenzó por esta época su propia Sinfonía Fausto, proyecto que iba a abandonar y que daría lugar a su Eine Faust-Ouvertüre (Obertura Fausto), de la que ya hablé en este blog. Sabemos que Liszt marchó a Weimar, como muchos años antes habían hecho Goethe y Schiller. Hay que pensar que tras la muerte de Goethe los homenajes en Weimar se sucedieron, recordando al hijo adoptivo más importante de la ciudad. Al acercarse 1849, primer centenario de la muerte del poeta, los actos en su honor también llegaron al campo musical y recordemos que el responsable musical de Weimar, no era otro que Franz Liszt.

Liszt interpretó en Weimar obras como las Escenas del Fausto de Goethe de Schumann o La condenación de Fausto de Berlioz. Con este campo de cultivo, la propia obra de Liszt iba tomando forma. En 1854 la Sinfonía Fausto estaba terminada.

Pero Liszt no quedó satisfecho con el resultado de esta primera versión. En los años siguientes hizo diferentes cambios en orquestación y alargó el segundo movimiento. Pero lo que preocupaba a Liszt es que el final no se entendía, no reflejaba lo que es la obra de Goethe, se quedaba en una mera descripción orquestal de la primera parte de Fausto. Finalmente, Liszt encontró la solución y la obra terminada en su segunda versión se estrenó en Weimar el 5 de septiembre de 1857, dentro de los actos de inauguración del monumento a Goethe y Schiller que domina la Plaza del Teatro de Weimar. Con el tiempo el mismo Liszt se iba a unir a Goethe y Schiller en el monumento a las tres grandes glorias que eligieron Weimar para desarrollar buena parte de su obra.

Monumento a Goethe y Schiller con Liszt al fondo en la Plaza del Teatro de Weimar


El nombre completo de la obra Eine Faust-Symphonie in drei Charakterbildern (Una Sinfonía de Fausto en tres caracteres) nos explica su configuración. Son tres caracteres, que son tres movimientos.

Vamos a ver el desarrollo de la obra con los ejemplos de una grabación de Jascha Horenstein grabada por la Orquesta y Coro de la Radio del Sur de Alemania de Baden Baden, con el tenor Ferdinand Koch.

El primer movimiento se titula Fausto. Tras una sombría introducción que desemboca en un tormentoso episodio aparece el tema de Fausto (3:14). Brillante, viril, anunciando su marcada personalidad. Siempre insatisfecho, deseoso de vivir nuevas experiencias, sin medir las consecuencias de sus actos. Siguen diferentes episodios con las andanzas de nuestro héroe guíado siempre por Mefistófeles hasta desembocar en un tema pausado (7:19), Fausto va a encontrar a Margarita. Nuevamente volvemos a escuchar al héroe con su voz orquestal firme y poderosa (9:13). El Fausto insatisfecho vuelve (11:36), no encuentra el sosiego, todo le hastía. Volvemos a escuchar a Margarita (17:36). Fausto sigue su camino (20:12), Margarita es sólo una diversión, gracias a la influencia de Mefistófeles. Finalmente, Fausto intentará salvar a Margarita que ha causado la muerte a su madre y, ya en su locura, ha ahogado a su hijo y se encuetra en prisión, a punto de ser ejecutada. Margarita se negará a huir con Fausto. Mefistófeles se llevará a Fausto diciendo está condenada. Una voz desde las alturas contradirá al demonio. Salvada, así acabará la primera parte de la tragedia.




El segundo moviemiento es Gretchen (Margarita). Comienza suavemente con las maderas para desembocar en el tema de Margarita (0:55). El motivo muestra el carácter ingenuo y soñador de la joven Gretchen. Aparece Fausto, con su llamada en los metales (6:53). Presenta un caracter misterioso a los inocentes ojos de la joven. Se va desarrollando el tema de amor entre ambos, que retoma la misma melodía que en el primer movimiento (9:48). Vuelve el tema de Margarita (12:17) pero más desasosegado, ya no tiene la inocencia de la primera aparición. Margarita espera, en vano, la vuelta de su amante y evoca su imagen (14:56). Casi podemos ver a Margarita en la rueca. En la coda del movimiento se vuelve a evocar el tema de Fausto (17:22).





El tercer movimiento es Mefistófeles. Comienza juguetón, es una especie de scherzo en una sinfonía tradicional, después del andante que ha supuesto el movimiento de Margarita. El tema de Mefistófeles comienza en 1:17 y... ¡sorpresa! Es el mismo tema que el de Fausto. En una genialidad Liszt convierte a Mefistófeles en un alter ego de Fausto. Pero lo que en Fausto era virilidad y nobleza aquí es ironía, con inestabilidad danzable. Mefistófeles se ríe de todo y de todos. Mefistófeles también utiliza el segundo tema de Fausto (6:42) que ahora suena extraño y juguetón. Aparece el tema de Margarita (9:41), Mefistófeles le muestra a Fausto en sueños.  Siguen las andanzas de nuestro demonio utilizando a su antojo los temas de Fausto. Manipula sus temas igual que manipula a Fausto. La primera versión de 1854 de la sinfonía acababa más o menos en 16:40. Liszt nos había contado, como muchos otros, la primera parte de la historia, pero no el desenlace. Esto lo iba a hacer con la segunda versión. Aparece el tema de Margarita (17:07), pero como transfigurado. Fausto ha muerto, Mefistófeles se dispone a llevarlo al infierno, pero legiones de ángeles impiden que el demonio se acerque al cuerpo de Fausto. Suenan unas trompetas a lo lejos (17:30) y se hace el silencio.




Sobre el motivo enunciado por las trompetas empieza a cantar un coro masculino, es el Chorus Mysticus. En 0:57 sobre las palabras das Ewig-Weibliche (el eterno femenino) que canta el tenor solista, volverá a sonar el tema de Margarita. Fausto ha alcanzado el perdón de sus pecados gracias a la intercesión de una penitente, que en el mundo se llamaba Margarita. Los Tannhäuser del futuro ya pueden estar tranquilos, si una Elisabeth intercede por ellos, hasta el seco báculo del Papa volverá a florecer.





Alles Vergängliche
ist nur ein Gleichnis;
das Unzulängliche,
hier wird's Ereignis;
das Unbeschreibliche,
hier ist es getan;
das Ewig-Weibliche
zieht uns hinan.

Goethe

Todo lo transitorio
sólo es parábola;
lo inalcanzable,
deviene aquí en suceso;
lo indescriptible,
aquí se hace acto;
el eterno femenino
nos atrae hacia las alturas.

Goethe




Y para que podáis escuchar la Sinfonía Fausto de Liszt sin interrupciones, otra excelente versión también a cargo de Jascha Horenstein con John Mitchinson, tenor y el Coro y Orquesta de la BBC del Norte (Manchester), en un concierto público de 1972.